Bueno, pues se acabó. Últimamente ya no tengo tiempo para dedicarle a Groucho, aparte de que creo que al pobre hay que dejarlo descansar en paz de una vez. Mis más sinceras gracias a aquellos que siguieron este blog y me dejaron sus amables comentarios.
Un abrazo a todos.
martes, enero 20, 2009
Segunda muerte
martes, diciembre 16, 2008
De compras
Necesito comprar un artefacto llamado e-mail para llevárselo al Señor Bill Gates, que me ha prometido que, si lo hago, aceptará mi oferta de patrocinio en la emisora de Sonia. Nada complicado, cosas más raras me han pedido, especialmente en la intimidad, pero no voy a comentarlas aquí porque soy un caballero, y no revelo los oscuros secretos de las damas si no hay dinero de por medio.
Tengo entendido que en los grandes almacenes venden de todo, así que me dirijo al más grande que encuentro en Seattle, el Factoria Mall. Es un lugar inmenso, lleno de tiendas con atractivos escaparates y aún más atractivas dependientas. Lo malo es que hay tantas que no sé a cuál dirigirme, así que me dejo llevar por mi infalible instinto y me acerco a la señorita más maciza que veo tras un mostrador. Es una rubia despampanante que apenas puede contener su arrolladora personalidad tras un ajustado corsé.
-Buenos días, señor. ¿En qué puedo servirle?
-Buenos días, encanto, se me ocurren cientos de maneras pero no puedo decirlas porque estamos en horario infantil, así que me conformaré con un par de e-mails de los más grandes que tenga. -le digo, mirándole el escote descaradamente.
-Aquí no tenemos e-mail, señor, esto es una perfumería.
-¡Oh, vaya, yo estaba convencido de que lo que olía tan bien era usted! Pero, ¿cómo es que no tienen e-mail? ¿Es que viven en la Edad de Piedra? ¿Puedo llevarla a mi cueva arrastrándola por el pelo? ¡Por favor!
-Bueno, sí que tenemos e-mail, pero es privado, no puedo vendérselo.
-¿Y no puede prestármelo un par de horas? Se lo devolveré, se lo prometo. Puede confiar en mí si es lo bastante estúpida.
-¡Oiga, no me insulte!
-¡Nada más lejos de mi intención ni más cerca de mi boca! Oiga, ¿Por qué no limamos asperezas tras un par de whiskies? Usted puede pedir un refresco, si quiere.
-¡Ni en sueños iría a un bar con usted!
-¡Espléndido! Nos saltamos los preliminares y vamos derechos a la alcoba.
-¡Socorro! –grita ella.- ¡Un obseso me está acosando!
-¡No tema, bella dama! –exclamo, enarbolando mi puro como si fuera un sable.- ¡No permitiré que nadie me haga daño! ¡Llame a la policía y yo distraeré al bribón desafiándole a una mano de poker!
Un enorme segurata entra en la tienda precipitadamente, porra en ristre.
-¿Qué sucede, Susan? ¿Te está molestando este mamarracho?
-¡Me está asustando, dice cosas muy raras!
-Sí, es que tengo una profunda vocación política. ¡Incluso conozco al Presidente!
-¿Ah, sí? ¿De qué lo conoce?
-De verlo en la tele. Aunque no mucho, porque suelo cambiar de canal cuando aparece.
-¡Lárguese de aquí si no quiere que le atice!
-Yo sólo quería un simple e-mail, a poder ser de los baratos.
-Ahí enfrente hay un cibercafé.
-Preferiría un ciberwhisky, pero a falta de otra cosa…
-¡¡Fuera de aquí!!
Ante tan amable y convincente invitación, salgo de la perfumería y entro en el establecimiento de enfrente, donde hay un montón de adolescentes sentados frente a sendas pantallas, con la mirada perdida y fija en ellas, moviendo compulsivamente sus manos rellenas de mouse. Me dirijo al mostrador donde un flaco muchacho con la cara llena de acné me dedica una mirada de pez hervido.
-Buenas, póngame cuarto y mitad de e-mail y un vasito de whisky. O mejor, hágalo al revés.
-El precio son diez dólares la hora. –me dice, sin levantar la mirada de su consola de videojuegos portátil.
-No quiero una hora, ya tengo muchas. Quiero un e-mail. ¿A qué precio están?
-Diez dólares la hora. –repite.- Y puede usar el e-mail y navegar por internet.
-Gracias, pero me mareo en los barcos. Y en los bares también, después de la quinta ronda. Póngame un e-mail de los baratos y envuélvalo para regalo.
El chico levanta la vista y me mira sorprendido.
-¿Qué? –Un curioso ruido como de ventosidad flatulenta le hace bajar la mirada a la consola de nuevo.- ¡Jolín, ya me han matado otra vez!
-No me extraña, me están entrando ganas de ponerme a la cola yo también. ¿Viene ese e-mail o qué?
-No le entiendo, ¿qué quiere, una dirección de correo, un dominio tal vez?
-Dirección de correo ya tengo, aunque cambia cada pocos días, cada vez que me echan. Dominio no tengo ni de mí mismo, pero tampoco me interesa, gracias. Sólo quiero un e-mail que no sea muy grande para llevárselo al señor Gates, ¿entiende?
El dependiente me mira con la boca abierta y expresión estúpida.
-Parece que le hace falta un cerebro. Le vendo el mío, está poco usado. Cien pavos y un e-mail, y es suyo.
-Pru.. pruebe en la tienda de informática. Saliendo, a la izquierda, a unos diez metros.
-Sí, será mejor. –salgo de la tienda, indignado, y de repente me giro y exclamo: -¡No había visto nadie tan inepto desde que me afeité esta mañana!
martes, diciembre 02, 2008
El gran jefe
Reina el caos en la sede central de Microsoft. Como un día cualquiera, vamos, sólo que esta vez lo he provocado yo al pulsar un botón que no era. No entiendo cómo un elemento tan destructivo puede estar al alcance de un simple click. Yo, al menos, lo pondría a dos clicks. Pero en fin, la cosa ya no tiene remedio, y me he unido a esta riada humana que corre por los pasillos y las escaleras del edificio, como pollos sin cabeza. Como decía, voy siguiendo de cerca a una señorita muy hermosa con una falda muy corta. No le he visto la cara, pero sin duda es hermosa, sobre todo cuando sube las escaleras. Y es que mi concepto de la belleza se rige por los cánones clásicos...Subiendo, subiendo, he llegado al ático, que parece desierto. El pasillo está cubierto por una gruesa moqueta con los colores de Windows, es decir, todos. Voy a mirar al techo porque me estoy mareando de tanto arco iris, y me encuentro con que está pintado con unas nubecitas sobre las que flotan las típicas ventanitas de Windows. De repente ya no tengo ganas de conocer al artífice de este mundo de fantasía. No me extrañaría que en algún lugar que desconozco hubiera un parque temático llamado Windowslandia, en el que las atracciones se colgaran y la montaña rusa se reiniciara sola, volviendo a la salida a mitad de trayecto.
Llego hasta una elegante puerta de caoba con un rótulo que dice "Chairman". ¡Caramba, aquí es lujoso hasta el almacén de sillas! Voy a entrar a ver si conozco al "Hombre de las sillas", que al de las ventanas ya no quiero conocerle.
Abro la puerta con cautela y me sorprendo al ver a un hombre sentado en una enorme mesa de despacho, con la cabeza hundida en los brazos y llorando desconsoladamente. Me acerco a él y le pongo una mano en el hombro, ante lo cual levanta la cabeza y me quedo de piedra al ver que se trata del mismísimo Sr. Gates.
-¿Qué? ¿Quién es usted? ¿Cómo ha entrado?
-Lamento decepcionarle, pero no ha sido por la ventana. La puerta estaba abierta y he entrado. ¿Para que sirve una puerta abierta, si no? Bueno, también serviría para salir, pero eso sería después. ¿Qué le pasa a usted? ¿No le da verguenza llorar como una mujer, un hombre hecho y derecho? Bueno, hecho y sentado, pero da lo mismo. ¿Acaso no tiene dignidad? Le vendo la mía, yo ya no la uso. ¡Veinte pavos y es suya!
-No la necesito. No quiero nada, váyase o llamare a Seguridad. Déjeme a solas con mi dolor.
-¿Puedo preguntarle qué le sucede? Tal vez pueda ayudarle. O tal vez me toque la lotería, lo cual es más probable.
-¿Acaso no lo ve? ¡Mi edificio inteligente se ha venido abajo!
-¿Edificio inteligente? ¡Caramba, y yo que creía que mi vieja casa era un caso único! Se derrumbó cuando mi mujer estaba dentro y yo en el bar. ¡Eso sí que fue inteligente! Pero, ¿por qué dice que se ha venido abajo? Yo lo veo bien firme.
-No me refiero físicamente, sino lógicamente. Se ha venido abajo lógicamente, ¿entiende?
-Sí, claro, es lógico. No es algo físico, quiero decir. Lo lógico hubiera sido un derrumbe físico, dado lo recargado de la decoración, pero en fín, la física no siempre es lógica, ¿verdad? Oiga, ¿puede pegarme un tiro? ¡No soporto mi propia verborrea!
Mr. Gates me mira y esboza una sonrisa.
-Es usted un tipo muy raro, pero me cae bien. ¿Para qué ha venido?
-Bueno, tengo un negocio que proponerle. -me siento frente a él, pongo los pies sobre la mesa y enciendo un puro.- ¡Es una bicoca! ¡Le hare a usted rico!
-Ya soy rico.
-Pero yo le haré muy rico.
-Ya soy muy rico.
-¡Le haré el hombre más rico del mundo!
-Ya soy el hombre más rico del mundo.
-¿De veras? Creía que el hombre más rico del mundo era el coronel Sanders… ¡Pues entonces le haré el hombre más pobre del mundo! Sólo tiene que firmar este talón. Disculpe, como no cabían más ceros he escrito unos cuantos en la parte trasera.
-¿Y qué es lo que ofrece usted a cambio?
-¡Publicidad, amigo mío! A cambio de su patrocinio divulgaremos el nombre de su empresa por todo el planeta. ¡Será la marca más conocida del mundo!
-Ya es la marca más conocida del mundo.
-Oiga, no empecemos otra vez, ¿firma o no? Si deja pasar esta oportunidad, me arrepentiré toda la vida.
-Le diré qué haremos. Envíeme un e-mail con su propuesta y la consideraré seriamente.
-¡Hecho! ¿Dónde puedo conseguir un e-mail? ¿En el drugstore? ¿O en el Seven Eleven? ¿Es muy caro?
-Utilice Hotmail, nuestro servicio de correo. Es gratuito.
-¿Ofrece un servicio gratuito? Me parece que no entiende usted mucho de negocios.
-Seguramente no.-responde, sonriendo. De pronto las luces se encienden y las pantallas cobran vida.- ¡Ah, ya se reinicia la domótica! ¡Excelente!
-Ah, bueno, si se reinicia la domótica ya me quedo más tranquilo. Está bien, volveré mañana con el e-mail más grande que encuentre y no tendrá más remedio que aceptar mi oferta, ya lo verá.
-Esperaré impaciente. Y ahora, si me disculpa, la salida es por esa puerta que pone “Shutdown”.
martes, noviembre 25, 2008
Intermedio
Atendiendo al gran número de peticiones recibidas (una), he decidido explicar las razones de mi prolongada ausencia. Sucedió que decidí tomarme un pequeño descanso, y como me gustó, repetí al día siguiente, y luego al otro, y sin darme cuenta me convertí en un adicto al descanso.
Prestigiosos especialistas mundialmente famosos en su casa estudiaron mi caso, y llegaron a la conclusión de que para remediar mi adicción al descanso, lo mejor era una cura de reposo. ¡No seré yo quien contradiga a tamañas eminencias!
La rehabilitación es dura, no se crean. Todo el día dedicado al descanso me dejaba agotado, y a causa de ello por las noches caía en un profundo sueño, tan solo perturbado por las frecuentes expediciones al cuarto de baño para evacuar los restos de whisky de mis sufridos riñones.
Felizmente, hoy puedo afirmar que estoy absolutamente en la misma situación que al principio. Me encuentro en plena forma. Baja forma, sí, pero plena al fin y al cabo. Es probable, e incluso posible, que retome el relato de mis peripecias, después de la siesta, por supuesto.
miércoles, septiembre 10, 2008
Clase interactiva
Aún no he conseguido ver a Mr. Gates, al menos en persona, porque fotos suyas las hay por todas partes, aquí en la sede central de Microsoft. ¡Ni que la empresa fuera suya! Sin embargo, he conseguido que me den un cursillo de informática gratis, dada mi supina ignorancia sobre todo lo que se refiere a ordenadores. Con ordenadoras sí tengo cierta experiencia, pero no me quedó otra alternativa que divorciarme de ellas, pues acabé harto de tanta orden. Que si límpiate los pies, que si no fumes, que si saca a pasear al perro, que si echa a esa señorita en paños menores que hay en la habitación... ¡Menuda tortura! Para eso, me enrolo en el ejército, que allí al menos no he de dormir con el sargento. Y es que a las mujeres les gusta mucho mandar, a mí me mandan a paseo continuamente.
El tipo que hace unos momentos me quería enchironar me conduce amablemente a una sala donde hay un montón de mesas con ordenadores, presidida por un enorme logotipo de la compañía, ése de la ventanita de colorines. No sé por qué, pero ese símbolo empieza a caerme mal. Y es que le tengo cierta manía a las ventanas, pues siempre entro en las alcobas por la puerta pero acabo saliendo por la ventana... Y es que ya lo dice la sabiduría popular: "Cuando el marido abre una puerta, abre tú la ventana." O algo así...
-Pase, pase. Bienvenido al aula interactiva de Microsoft. Aquí aprenderá de forma fácil y amena a manejar un ordenador con nuestro sistema operativo, que es líder en el mundo.
-¡Caramba, como el presidente de los Estados Unidos! ¿También se dedica a exprimir al Tercer Mundo?
-Err.. claro que no, nosotros lo que hacemos es facilitarle la vida a la gente.
-Especialmente a sus accionistas, ¿verdad? Bueno, es normal. No conozco ningún negocio que no se dedique a ganar dinero, excepto el matrimonio, que se dedica a perderlo.
-Es que el matrimonio no es un negocio.
-Claro que sí, es un mal negocio. Créame, sé lo que digo cuando no estoy borracho. No es que suceda muy a menudo, pero lo sé.
-Ejem... le creo, le creo. Mire, siéntese aquí, situe la mano sobre el mouse, y vaya siguiendo las instrucciones que aparezcan en la pantalla. Es tan fácil que hasta un niño de tres años podría hacerlo, ya lo verá.
-Estupendo, ¿tiene a mano un niño de tres años?
-Esto... no.
-¿No?¿Y una niña de veinte? ¿O dos?
-Tampoco. Disculpe, tengo que irme, luego pasaré a ver qué tal le ha ido. Mire, mueva la mano, ¿ve cómo la flecha que hay en la pantalla sigue su movimiento? Señale con ella los elementos que le indique la guía y todo irá bien.
-¿No sabe que señalar es de mala educación? ¿Pretende que olvide mis buenos modales? Pues llega tarde, hace años que los olvidé.
-Usted relájese y tómese su tiempo.
-Preferiría tomarme un whisky. Con hielo, por favor.
-Lo siento, está prohibido el alcohol en nuestras instalaciones.
-¿De veras? ¿Y el diseñador de su logo está enterado de ello?
-Luego nos vemos, adiós.- me contesta el tipo, el cual suda profusamente, y no lo entiendo, pues la temperatura en el lugar es bastante agradable. Y dicho y hecho, coge la puerta y se va, dejándome solo en el aula frente al aparatejo en cuestión.
-Bueno, de los cobardes nada se ha escrito. O tal vez sí, pero nadie lo leyó, así que allá voy. A ver qué pone aquí..."Bienvenido, pulse el botón de inicio para comenzar. Desplace la flecha con el mouse hasta situarse sobre el botón y pulse el botón izquierdo del mouse." Caramba, qué explicaciones más detalladas. Ojalá hubiera tenido una guía de éstas cuando me iniciaba en el sexo, que así me fue. Aún le debe doler a la pobre muchacha... Veamos, ¿dónde está el botón de Inicio? ¡Ah, ya lo veo! Pero allí hay otro que pone 'Reinicio', lo cual sin duda debe ser mucho mejor. ¡Que no se diga que no tengo iniciativa! A ver... muevo la flecha, apunto.. y pulso. ¡Click!
En el centro de la pantalla aparece otra ventana con dos opciones: "Reiniciar el cliente" y "Reiniciar el servidor".
-Bueno, como el cliente siempre tiene razón, reiniciaré el servidor, que para eso cobra, sea amo de llaves o mayordomo. ¡No hay que tener miramientos con el servicio, que luego se te suben a las barbas! Aunque conmigo lo tendrían mal, pues sólo llevo bigote y además es pintado. ¡Hale, ahí va otro click!
Ni corto ni perezoso, situo la flechita sobre el botoncito, y pulso el botón izquierdo del mouse. Sorprendentemente, la pantalla se apaga, y a continuación hacen lo mismo el resto de ordenadores, la luz, el aire acondicionado y el hilo musical. Me quedo allí, sentado a oscuras en la silla, preguntándome qué demonios pasa, cuando oigo una algarabía considerable que proviene del otro lado de la puerta. Me levanto cautelosamente, la entreabro y atisbo por la rendija. Está todo apagado y la gente corre en todas direcciones, aparentemente presa del pánico. Para no ser menos, salgo del aula y echo a correr yo también, con el cuerpo encogido y a grandes zancadas, detrás de una señorita con una falda muy corta que se bambolea mucho.



